
EL BUEN USO DE LAS ARMAS DE FUEGO EN DEFENSA DE LA VIDA Y LA PROPIEDAD.
Por Eduardo Palacios Molina
El gobierno ha
emprendido una política de desarme en la población civil, con el
propósito de lograr una disminución de los hechos violentos que se
producen con el mal uso de las armas de fuego. Esta política de desarme
ha provocado comentarios desfavorables, que los medios de prensa suelen
publicar en pocos renglones, para no opacar los esfuerzos que la
burocracia estatal está realizando en esta semana en procura de tales
objetivos.
Con fotografías en primera plana de un tradicional matutino
porteño, el 22 de julio pasado aparece una prensa hidráulica y un
cúmulo de viejos revólveres y pistolas de distintos calibres, bajo
grandes titulares que pretenden movilizar a la opinión pública a
dejarse captar por esta campaña para entregar el arma por una módica
suma de dinero, que podría llegar hasta los cuatro cientos cincuenta
pesos.
Por
otro lado el RENAR, organismo estatal encargado de registrar las armas
de fuego, inicia una campaña de reempadronamiento para aquello que
teniendo una o más armas de fuego las declaren, abonen el derecho anual
que marca la ley y reciban la credencial de legítimo usuario.
Sobre
este tema que tanto ha dado que hablar a muchos crédulos sobre esta
maniobra del gobierno, y sobre las santas intenciones de los
funcionarios que propician este desarme como la única forma de lograr
el cese de la violencia que la delincuencia ejerce sobre nuestra
sociedad, es mucho lo que debería decirse y no se dice.
Sin
embargo se ha filtrado en los comentarios periodísticos, que esta
oportunidad de entregar armas al fisco a cambio de un estipendio
económico, es una magnífica oportunidad para hacer desaparecer las
armas que están implicada en hechos criminales o ingresadas al país de
contrabando, y que por su antigüedad y baja calidad, este operativo,
sería un eficaz blanqueo que le ofrece el Estado.
Infantil sería
creer que el ladrón o el asesino, renunciaran al arma, para convertirse
de manera espontánea en personas de bien. Creo que es muy arriesgado
creer en estos operativos llamando al desarme civil. Nada menos
oportuno que lo haga un gobierno formado por hombres y mujeres que
abusaron del uso de las armas de fuego militando en un ejercito
irregular que luchaba contra las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de
Seguridad. De solo pensar que un gobierno formado por funcionarios que
militaron en el ERP y en Montoneros, que provocaron alguno de ellos
crueles asesinatos de personas uniformadas, y que integraron atentados
con explosivos que produjeron la muerte de muchos inocentes, es poco
confiable este tipo de campañas, pueda ser avaladas con tales conductas.
Países
como Suiza que no tienen Fuerzas Armadas y que sin embargo los
ciudadanos conservan el arma dada por el Estado para defender su
soberanía, conservan los índices de delincuencia más bajos del planeta,
porque en realidad no son las armas las que matan o asesinan, sino el
mal uso de las mismas por seres, que careciendo de buena educación, se
pervierten y las utilizan para lograr sus bajos fines delictivos.
Parte
de esa educación que este gobierno ha sido el destructor más eficiente
de una tradición cristiana de vida, para enaltecer al subversivo que
mataba por matar, utilizando el crimen como un instrumento ideológico,
valiéndose no solo de las armas de fuego, sino de los explosivos más
eficaces para los actos de terrorismo. Nada creíble este plan de
desarme, de un gobierno que tiene como asesor a Hebe de Bonafini, que
aplaudió toda organización criminal que podía ser enemiga de los EE.UU
y se solidarizó con Ben Laden y con los grupos que lo secundan.
El
plan de desarme de este régimen que sufrimos los argentinos está
orientado a debilitar a la ciudadanía y a dejarlos inermes frente a la
delincuencia común y subversiva. Creo que los argentinos de bien deben
armarse con armas de fuego, porque las condiciones de inseguridad que
hoy vive la comunidad, hacen que el ciudadano medio deba ser educado
para manejar bien las armas de fuego y las armas blancas. El Estado,
como lo hacen los países más evolucionados, debe darle al ciudadano
instrucción militar y una correcta educación para el uso correcto de
las armas de fuego y de las otras. Nada mejor para ello que imponer
nuevamente el servicio militar y convertir a las comisarías en centro
de entrenamientos.
De nada vale estas campañas de desarmes,
cuando se sabe que los piqueteros tienen permisos de portación de
armas, cuando el gobierno que es amigo del tirano Cháves, esta formando
fuerzas paramilitares, para crear milicias obreras que reemplacen a las
FF.AA y de Seguridad
Además, está comprobado que este plan de
desarme no ha logrado reducir los índices del delito, sino que todo lo
contrario y que en los países en que se estimula la tenencia de armas
el delito se reduce. Lo que instiga al delito en nuestro país, son los
fallos judiciales benignos a los delincuentes y si a ello le agregamos
la política de desarme, tendremos un país donde los únicos que tendrán
garantías constitucionales, serán los delincuentes. Por eso considero
un deber de conciencia oponerse al desarme, y propongo por ello todo lo
contrario. La gente del campo sabe que hoy más que nunca debe vigilar
su propiedad amenazada por bandas fuertemente armadas, con personal
armado. Si no fuera así, no habría tantos establecimientos
agropecuarios que su personal ha recibido ya instrucción militar para
defender su vida y la de los demás que trabajan en esa empresa.
Por
favor, les pido a los hombres del gobierno, que no nos mientan más. Que
acaben con el abigeato en los campos y que piensen que si fue "negocio
" ser montonero, ese no puede ser el molde que educación que nuestros
jóvenes pueden recibir del poder.
Eduardo Palacios Molina
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